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Exitoso caso clínico de paciente transplantada de rodilla 
  • “Soy otra, la vida me cambió por completo y no sé cómo agradecerle todo la ayuda que me brindó el doctor. Si antes no podía caminar, me movía en silla de ruedas, arrastraba mis piernas y los dolores eran tremendos. Por momentos ya no tenía ganas de vivir. Pero todo quedó atrás, incluso hoy manejo el auto de la casa”.

Con estas palabras la señora Yelda Soto (76 años)  resume lo que ha sido su vida  después de transformarse en una exitosa paciente, a quien se le realizó el pasado mes de febrero, un transplante del aparato extensor de su rodilla en el Hospital de la Fuerza Aérea de Chile (Fach), operación que estuvo a cargo del médico traumatólogo Dr. Camilo Azar. 

“Ella es una paciente patelectomizada y su intervención quirúrgica ha sido, hasta ahora, todo un éxito. Después de un proceso largo de estudio y análisis, se decidió realizar un transplante del aparato extensor de su rodilla, que incluía la patela (rotula),  y para ello importamos un aloinjerto (injerto de cadáver) para poder reemplazar la zona de su rodilla que ya estaba muy dañada.

 Trajimos desde los Estados Unidos este aloinjerto, que incluía una parte de la tibia, el tendón rotuliano, la patela y el tendón cuadricipital, y se colocó en la zona del aparato extensor de la rodilla. Al mismo tiempo, decidimos colocar Factores de Crecimiento Plaquetario en las zonas de unión, que era muy importante para que este injerto se pudiese incorporar de una mejor forma y así se repoblara celularmente”, sostiene el médico traumatólogo y especialista en este tipo de cirugías. 

“No sé cómo decirlo, porque me emociono al recordar todo lo que ha hecho el doctor con mi persona. Él puso toda su fuerza y amor en mí y eso es impagable. Nunca me imaginé que se acordaría de una viejecita como yo. Si mis ganas de vivir tras esta operación resurgieron”, expresa con nostalgia y emoción la señora Yelda, quien, de todos modos, se da un pequeño espacio para el humor con las palabras que le entrega  su esposo Oscar: Quedé tan bien que mi marido me dice que el injerto era de un atleta por lo bien que quedé y cómo camino ahora (risas)”. 

Un humor que refleja el agradecimiento de una persona humilde y de corazón grande, que soportó fuertes dolores y el hecho de no caminar durante largos años. “A ella se le extrajo su patela hace aproximadamente 15 años. Antiguamente se utilizaba mucho retirar todo la rotula, lo que hoy ya no se hace, toda vez que deja el aparato extensor de la rodilla muy débil.  En el caso de la señora Yelda se le extrajo la patela hace algunos años y vivió relativamente bien durante un tiempo, sin embargo, comenzó con artrosis en otros compartimentos de su rodilla. De un momento a otro comenzó a perder flexibilidad en su rodilla y se caía. Hoy, gracias a este tipo de operación y transplante, ella puede flectar su rodilla en casi 120 grados, lo que le permite hacer una vida prácticamente normal”, precisa el Dr. Camilo Azar. 

Una vida normal que la familia Castro Soto agradece tras años de angustia y dolor y que hoy observa como esta abnegada mujer camina con absoluta normalidad, lo que hasta febrero de este año, no podía realizar. “Me rompí los dientes de tantas caídas que tuve, no tenía estabilidad y debía moverme en silla de ruedas, mi familia sufrió mucho. Hoy, uno de mis hijos (Oscar) que vive en Sudáfrica y a quien le heredé este problema de artrosis, quiere ver al doctor Azar, no puede creer cómo de estar inválida y con un dolor que me hacía llorar, hoy camino y hago mis cosas con casi absoluta normalidad, incluso manejo el auto para ir al supermercado (risas)”, reseña esta mujer de 76 años.

Cada miércoles asiste a sus terapias de kinesiología en el Hospital de la Fach y sigue una rutina de ejercicios que día a día desarrolla en su casa de Calera de Tango.  Y es que hoy Yelda Soto no quiere dar un paso en falso que signifique retroceder en su rehabilitación. La vida le ha cambiado y junto a Oscar, su marido, observan el futuro con otros ojos, los ojos de una familia agradecida de lo avances de la medicina y en especial de un médico, que dicen, les devolvió las ganas de vivir a una mujer, que hoy disfruta con algo que parece tan común para la mayoría de la población… caminar.

 

 

 

 

 

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